TRATAMIENTOS CONTRA EL ALCOHOLISMO

¿Que es el Alcoholismo?

Tratamientos contra el alcoholismo
Regeneración neuronal
en los tratamientos
contra el alcoholismo

La conducta de beber alcohol está afectada fundamentalmente por factores biológicos, psicológicos y sociales. Por tanto, son estos factores los que están implicados en la etiología y comprensión de los trastornos por uso de alcohol (abuso y dependencia). De esta forma, el alcoholismo lo podemos entender como una consecuencia de la conducta de beber alcohol, que provoca una neuroadaptación del tejido cerebral (representado por la tolerancia y el síndrome de abstinencia), acompañado de trastornos conductuales, alteraciones psicológicas y una serie de repercusiones en la vida familiar, laboral y social del paciente que sufre esta adicción. Con el consumo masivo de alcohol en la sociedad contemporánea, la ingesta recreativa de alcohol se ha extendido por todos los ámbitos sociales, y es aceptado en muchas culturas como una costumbre integradora y festiva. Así entonces, con el incremento ostensible de la conducta de beber alcohol, influenciado entre otras cosas por la publicidad y el fácil acceso a las bebidas alcohólicas, surge un complejo problema de salud: el alcoholismo.

Tratamientos contra el Alcoholismo.

El alcoholismo, como enfermedad, no siempre recibe el tratamiento más eficaz ya que no existe un consenso respecto de 3 cuestiones fundamentales. En primer lugar, no hay un consenso científico de un modelo filosófico o paradigma de actuación coherente, no hay consenso de cuáles deberían ser los objetivos y/o las necesidades fundamentales que se deberían cubrir o solucionar a nivel de los pacientes alcohólicos y tampoco hay un consenso de cuáles dispositivos asistenciales serían los más adecuados para asegurar una asistencia válida y confiable. Con este panorama científico y social, y con el incremento del consumo de bebidas alcohólicas, es comprensible que aumenten los fracasos en los tratamientos de las personas que sufran esta adicción y las consecuencias en la salud pública por las enfermedades relacionadas con el alcoholismo.

Así entonces, en muchos casos la ausencia de tratamientos eficaces para el consumo abusivo de bebidas alcohólicas se debe a concepciones erróneas sobre lo que es la adicción al alcohol o alcoholismo. Todavía para mucha gente (incluido profesionales sanitarios) el alcoholismo es una cuestión de decisión personal, es decir, el adicto lo sería porque quiere beber mucho alcohol, o es un asunto de falta de carácter, de tal forma que los alcohólicos no dejan de beber porque no tienen fuerza de voluntad. Detrás de estas concepciones está la creencia de que abandonar la dependencia del alcohol está enteramente en las manos (en la voluntad) de la persona adicta.

Pero la realidad es que la adicción, más allá de la decisión y la voluntad personal del adicto, es una enfermedad que escapa al control del alcohólico. Porque con el consumo elevado, compulsivo y/ o prolongado de alcohol, el cerebro se adapta patológicamente y experimenta cambios bioquímicos que modifican los comportamientos, pensamientos y sentimientos del bebedor, y que producen entre otros efectos, un deseo compulsivo e incontrolable de beber alcohol. Esto implica que la persona que padece esta adicción, difícilmente puede controlar ese deseo compulsivo generado por los daños cerebrales producidos por el alcohol, así como también decrece su capacidad para autoevaluar los daños que el consumo le está provocando y para dirigir su conducta hacia el abandono de la bebida y la modificación de su estilo de vida adictógeno.

Por tanto, podemos afirmar que el alcoholismo es una enfermedad, una adicción que afecta de manera significativa el funcionamiento cerebral. Es una enfermedad que se puede tratar y de la que hay recuperación. Hoy en día, gracias a las investigaciones y las nuevas tecnologías, cada vez se sabe más acerca de cómo actúa el alcohol en el cerebro y los efectos que produce, lo que permite desarrollar tratamientos contra el alcoholismo y fármacos adecuados para que el adicto recupere el control de su vida. Es más, en la actualidad se puede visualizar mediante técnicas de medicina nuclear, como la Tomografía de Emisión de Positrones (PET), los daños que el alcohol provoca en el metabolismo celular cerebral, especificando qué áreas de tejido cerebral se encuentran afectadas por esta patología.

El tratamiento contra el alcoholismo debe comenzar con un diagnóstico que comprenda tanto, la evaluación clínica de los factores biológicos, psicológicos y sociales que interactúan en la enfermedad de cada persona, como analíticas y pruebas médicas y test psicológicos. Posterior a esta etapa diagnóstica, los tratamientos de bebidas alcohólicas deben continuar con la desintoxicación hospitalaria.

Aquí es importante señalar que la desintoxicación se puede entender de diversas maneras. En los tratamientos contra el alcoholismo tradicionales, la desintoxicación solo se centra en el control de los síntomas más evidentes de la adicción, esto es, en el control de los síntomas del síndrome de abstinencia. Según esta concepción, tratar la adicción significa ante todo limpiar el organismo del alcohol.

Sin embargo, la desintoxicación, tal y como se entiende en tratamientos avanzados, implica no sólo la eliminación de los síntomas de la abstinencia, sino también y de manera fundamental la recuperación de los daños cerebrales causados por el alcohol, y de las funciones cognitivas y afectivas que sufren alteraciones. Desde esta segunda concepción, más que hablar de desintoxicación, se habla de neurorregulación, es decir, tratar la adicción al alcohol significa limpiar el organismo y reparar los daños cerebrales que esta adicción está causando en el tejido cerebral.

Estas dos maneras de entender la recuperación de la adicción se pueden ejemplificar así. Cuando una persona se rompe un hueso, es decir, sufre una fractura, se puede tratar el dolor, hacer que desaparezca, pero eso no quiere decir que realmente se haya curado el hueso y recuperado su funcionalidad.

Esto no quiere decir que no sea importante tratar los síntomas de la abstinencia cuando se deja de consumir alcohol, ya que de hecho el síndrome de abstinencia es un reto y un obstáculo para la recuperación de la adicción. Este síndrome ocurre porque el organismo se ha acostumbrado a la presencia del alcohol (se ha vuelto dependiente) y el cerebro, por tanto, deja de producir las sustancias químicas naturales que el alcohol reemplaza. Es decir, el organismo depende del alcohol para funcionar “normalmente”, y por eso cuando se deja de beber después de un tiempo prolongado de consumo compulsivo, el organismo no cuenta ni con las sustancias químicas naturales que ha dejado de producir, ni con el sustituto químico que supone el alcohol, y por eso sufre alteraciones. Unas alteraciones que se experimentan como síntomas opuestos a los efectos del alcohol, con ansiedad y agitación, dolor de cabeza, vómitos, sudoración, temblores, y en muchos casos convulsiones e incluso, en grado extremo, delirium tremens. Síntomas que sólo desaparecen, si no hay tratamiento adecuado, cuando se vuelve a consumir alcohol. De hecho, el síndrome de abstinencia se convierte en el principal miedo cuando se quiere abandonar el consumo de bebidas alcohólicas, así como en el principal riesgo de recaída, por la necesidad del paciente de aliviar el malestar que produce dicha abstinencia.

Más allá de la adiccion al alcohol y su desintoxicación: La recuperación neuronal en el tratamiento contra el alcoholismo (Alcohol).

Pero más allá de la desintoxicación o retirada del alcohol del organismo, es necesario recuperar en el paciente las zonas del cerebro que han sido dañadas por la adicción, es decir, es necesario que se genere un nuevo proceso de neuroadaptación, pero ahora no patológico. Así entonces, los métodos “tradicionales” de desintoxicación sirven para limpiar el organismo controlando los síntomas de la abstinencia, pero no restauran esas zonas cerebrales donde el alcohol ha causado cambios neuroquímicos, con el riesgo adicional que este tipo de desintoxicaciones puedan enmascarar otros síntomas de daño cerebral. Además, del factor añadido que significa la medicación que generalmente se utiliza en estos procedimientos, ya que la mayoría de las veces se recurre a medicación derivada de las benzodiacepinas, que a la larga provoca otra adicción en el paciente: a los tranquilizantes.

Esta recuperación neuronal se hace hoy en día por medio de una avanzada actuación farmacológica llevada a cabo por profesionales de la medicina y la enfermería y con un control y monitorización continua del paciente en un entorno hospitalario adecuado. Mediante el procedimiento de neuroadaptación, se actúa en los receptores cerebrales, y en sistemas y estructuras alterados por el alcohol, como la corteza cerebral, formación reticular, la médula espinal, y el cerebelo, que además están asociadas con el síndrome de abstinencia, por lo que, al intervenir en la recuperación de estas áreas, se previene la aparición de los síntomas de abstinencia. Así, por una parte, la recuperación de las estructuras cerebrales permite la eliminación de los síntomas de abstinencia y permite que desaparezca el ansia y el deseo irrefrenable de consumir alcohol. Y por otro lado, esta intervención, al recuperar las funciones cerebrales alteradas por el alcohol, provoca que se restauren procesos avanzados de cognición y afectividad, como la capacidad de atención, concentración, la capacidad para leer, la conciencia o la serenidad.

Bajo estas condiciones, el tratamiento de la adicción al alcohol tiene varios e importantes logros mediatos e inmediatos: proporciona un abandono seguro de la adicción bajo estricto control médico y psicológico; permite vivir en el paciente un proceso abstinencial sin sintomatología dolorosa, es decir, sin sufrimiento; al mismo tiempo que permite recuperar en el paciente sus procesos cognitivos y afectivos que habían sido alterados; y permite por tanto, que el adicto al alcohol tenga una buena disposición a la psicoterapia, por no haber pasado por un tratamiento de bebidas alcohólicas con el malestar de la abstinencia, para que en definitiva, el paciente pueda tomar el control de su vida libre de alcohol.

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